Un periodista, cuando anda
corto de ideas, piensa en fabricar un nuevo boom. Con tres celebrities que se
lleven una flor en el traste, es suficiente para hacer una nota de tendencias
sobre margaritas y ojetes. Cuando anda sin ideas, el periodista encarga una encuesta.
Nada como preguntar cualquier idiotez para llenar pàginas con gràficos y
respuestas que son una obviedad. Hay encuestadoras incluso que la hacen gratis.
Basta con sumar una de estas preguntas descerebradas a las otras más aún
absurdas que ellas ya tienen planeadas y listo. Con sólo mencionarlas en la
nota, la encuestadora estará satisfecha con el intercambio.
Sin una buena historia a
la vista, el periodista piensa en sexo. El periodista y el sexo, es equivalente
al dentista y las muelas, al cardiólogo y la aorta, a Mirtha y los almuerzos.
Trabajan a la par. Pensar en sexo es una garantía: Siempre sale alguna portada
de ahí.
El periodista, apurado por
el cierre, piensa en algo que, en la jerga se denomina "dar una vuelta de
tuerca". Se entiende por "dar una vuelta de tuerca" tomar la
realidad y girarla de tal modo que muestre una faz hasta entonces desconocida.
Es, gracias a este método, que famosos descubren que se acuestan con otros que
jamás han visto en su vida, que contraen enfermedades aún sin hacerse un sólo
chequeo, y que ascienden y descienden en sus carreras por obra todopoderosa de
alguien que está aburrido y sin nota.
Un periodista sin ideas
desea que muera alguien, cuanto más famoso mejor. Una muerte de un famoso, no
sólo puede resolver una nota, puede resolver un número entero. La llamada
edición especial. El número tributo. O, si no es el caso -cuanto tiempo estuvo
Sábato sin morirse?- levanta el teléfono y llama a un comisario a la espera de
que le reconstruya un hecho que supere en desgracia y maldad al del cierre
anterior. Si el comisario le dice que nada ha sucedido, que el día ha sido
inusualmente tranquilo y alaba a Dios por este milagro, el periodista sentirá
el peso del desánimo de seguir sin ideas. Siempre vacío. A la espera de que
entre una nueva publicidad y le quite el peso de llenar una página con cuentos.
Si nada de eso sucede, el
periodista llama a un sello editorial y le pregunta si hay un nuevo autor
disponible. Las grandes editoriales tienen medio centenar de títulos nuevos
cada mes y los responsables de prensa se hacen un matete buscando promoverlos a
todos. Siempre tienen apto para dar notas exclusivas, no a un Piña, ni un
Stamateas, ni un Dolina, sino un autor de segunda tercera línea. Ante el clamo
desesperado del periodista, la chica de prensa podrá sugerir: "Tengo un
historiador que acaba de sacar un libro super bien ilustrado. Es sobre el
choripán, ¿te va?" Y, demás está decirlo: pero claro que le va.
Sin brain storming a la
vista y con el cielo despejado de sumarios interesantes, el periodista buscará
pelea. El litigio, por más inventado que esté, provoca curiosidad, genera
partidiarios y rivales entre sus lectores, y tiene cola en los medios. El
famoso rebote que busca todo periodista escaso de recursos. La señal en la
oscuridad de que otros hablan de sus textos, lo reconocen y,lo que es aún más
llamativo, tienen menos ideas que él.
Hipercrítico en Twitter:
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